Una perspectiva para mejorar el Derecho.
Explorar nuevas posibilidades para mejorar la ciencia del Derecho es una idea fascinante que nos permite pensar en aquellos que nacerán y vivirán en los próximos años, así como nuestra responsabilidad en el futuro inmediato y lejano.
Las diferentes posiciones éticas y la ponderación de los argumentos críticos hacia la justicia no son el propósito de estas reflexiones. Se trata de analizar posibles respuestas a una interrogante muy sencilla en la formulación, pero ciertamente, muy compleja en su resolución.
Las diferentes posiciones éticas y la ponderación de los argumentos críticos hacia la justicia no son el propósito de estas reflexiones. Se trata de analizar posibles respuestas a una interrogante muy sencilla en la formulación, pero ciertamente, muy compleja en su resolución.
La pregunta esencial consiste en discernir dónde esta la respuesta para mejorar el Derecho, es decir, si es a través de las concepciones morales o en el diseño de nuevos paradigmas de la racionalidad humana.
¿Podemos mejorar al Derecho sin tomar en cuenta la posibilidad de introducir mejoras en la naturaleza humana?
¿Podemos mejorar al Derecho olvidando la práctica de la justicia distributiva?
Ante estas preguntas, debemos responder que significa el verbo mejorar. Para poder discernir si alguien es mejor o peor, es necesario que, implícita o explícitamente, haya una idea de lo que es el bien y de lo que es el mal, qué es mejor y qué es peor.
Desde mi punto de vista la cuestión clave radica en discernir sobre ¿Cuál es el horizonte de la vida humana? y ¿Cuál es el bien al que se aspira?
En este punto, se abren algunas interrogantes menores. ¿Quién discierne el modelo? ¿Este modelo es relativo a una cultura y a un tiempo o tiene un carácter absoluto?
Lo que si es cierto es que no existe consenso alrededor de lo que es el bien, por ello, nos debemos limitar a referirnos al bien relativo y contextual. Los modelos cambian y se transforman a lo largo del tiempo, lo que significa que aquello que ahora podemos considerar que es bueno para las generaciones futuras, no lo sea en el momento en el que hayan de vivir.
Pienso además, que tenemos el deber moral de mejorar individualmente para acceder y compartir una mejor vida social, política, económica y espiritual. Alcanzar la excelencia será muy positivo, aunque entiendo que no hay una idea compartida de lo que es la excelencia. Precisamente por este motivo, no tengo derecho a proyectarla, ni exigirla a los demás, pero si tengo el derecho a proponerla y a mejorar las creencias en una determinada dirección para que sean compartidas por otros.
Desde mi punto de vista el Derecho se ha inclinado a la apropiación indebida del otro a partir de imponer y controlar conductas, sin permitir al individuo una apropiación consciente de sus convicciones que le lleven a mejorarse a si mismo, ser más coherente y fiel a los principios y valores que el mismo se imponga en beneficio de los demás.
En este sentido creo en la esperanza para que, en lugar de un Derecho injerencista y controlador, podamos apropiarnos de un modelo que permita desde la convicción propia del sujeto, poner los límites de la autonomía frente a la de los demás, en beneficio de un orden jurídico que genere confianza frente a la justicia.
En este sentido, debemos iniciar los cambios en el Derecho a partir del respeto a la dignidad humana, la persecución efectiva y la sanción sin contemplaciones de todos aquellos que cometen actos delictivos bajo el principio de igualdad ante la ley.
Requerimos de un sistema jurídico que permita explotar su potencial y lograr resolver sin traumas el conflicto social, dando valía a la vida, al patrimonio y la integridad personal.
Esto lo lograremos si el Estado de Derecho logra estar por encima del sistema legal para señalar reglas de juego claras que permitan un comportamiento civilizado de los diferentes actores y, al mismo tiempo, un impulso al desarrollo y crecimiento económico de las personas.
Necesitamos de mayores esfuerzos para erradicar la desconfianza que se produce entre la llamada formalidad de la ley y su aplicación real, además de analizar las dificultades que provoca la debilidad de las instituciones judiciales y la ausencia de una cultura de la legalidad que provoca inestabilidad jurídica para responder a las demandas de la sociedad.
La legitimidad es un concepto fundamental para mejorar al Derecho. Sin embargo, los intereses de grupo han impedido que este pilar sostenga el andamiaje donde se construye día a día la organización del Estado. La legitimidad es el componente que falta para sensibilizar a los operadores jurídicos y a la sociedad entera en la búsqueda de soluciones a los problemas importantes dentro de un marco institucional debidamente consensuado.
La consolidación institucional de un Estado de Derecho no es un asunto menor, ya que se requiere de normas que partan de la voluntad generalizada y de operadores jurídicos confiables que sean garantes del cumplimiento de las mismas, para garantizar certidumbre jurídica en un sistema que debe velar por la dignidad humana.
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