viernes, 23 de marzo de 2012

El nuevo Presidente de Rusia aplicará la política del “tira y afloja.”



Este domingo, 4 de marzo, los ciudadanos rusos acudieron a las urnas para elegir al futuro presidente de Rusia. El régimen de Gobierno en Rusia, es semipresidencialista y pertenece a la familia neorromanista.

En las elecciones presidenciales celebradas el pasado 4 de marzo, Vladimir Putin reunió el 63,60% de los votos. A pesar del triunfo convincente del político, su gobierno tendrá que esforzarse mucho para entablar un productivo diálogo con la sociedad y la oposición.

Vladimir Putin ha anunciado la realización de reformas relevantes pero no demasiado populares. A juzgar por los pronunciamientos de Putin durante su campaña, él comprende muy bien que el país necesita reformas serias.

Es más, el nuevo presidente se verá obligado a abordar las reformas estructurales que requiere Rusia, no sólo en el área política, sino también económica y social.

En Rusia se espera una revolución administrativa en la sustitución de altos ejecutivos tanto en la administración central como en las regionales.

El nuevo gobierno tendrá un papel importante en el proceso de reformas ya que  los planes concretos dependen de las tendencias en la economía mundial, que se encuentra en una situación muy confusa: no está claro qué pasará en Europa, qué precio tendrá el petróleo y otras materias primas que determinan en gran parte la economía rusa.

El problema, en cambio, está en que la situación real exige una política económica bastante liberal y mucha compostura en el escenario internacional. Como vemos, Putin tendrá que hacer piruetas para reconciliar las contradicciones de su mandato y los problemas objetivos que enfrenta el país.

En cuanto a las reformas políticas, lo más probable es que Putin obre con cautela. Por un lado, la oposición exigirá nuevas reformas, por ejemplo, en el sistema electoral. Por el otro, Putin dará este paso sólo en el caso de que sienta que no le queda otra opción.

Los expertos comparten la opinión de que el nuevo presidente de Rusia difícilmente podrá evitar las reformas impopulares. Pero se tomará un tiempo para demostrar a todas las capas de la población del país la necesidad de las mismas.

Las relaciones del gobierno con la oposición podrán desarrollarse según patrones diferentes. Por lo tanto, la oposición está condenada a colaborar con el Kremlin y participar en la reforma política, o bien, confrontarse y montar provocaciones para mantener el interés mediático.

Asimismo, el gobierno deberá hacer propuestas a la oposición para entablar el diálogo. Pero la oposición tendrá que cambiar de actitud: pasar de la protesta a la acción política concreta, a la creación de los partidos políticos que defiendan los intereses de los grupos concretos.

De acuerdo a la Constitución de la Federación Rusa el presidente de Rusia es jefe del Estado y es garante de la Constitución.

De acuerdo a la Constitución y la leyes federales el presidente ruso determina las directrices de la política interior y exterior del Estado.

Es por ello, que el nuevo presidente de Rusia aplicará la política del “tira y afloja” pero deberá tener cuidado de no romper la liga y cometer actos inconstitucionales que pondrían en riesgo el equilibrio con la oposición y de las posibles reformas prometidas a los ciudadanos durante la campaña.

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