Este domingo, 4 de marzo, los ciudadanos rusos acudieron a las
urnas para elegir al futuro presidente de Rusia. El régimen de Gobierno en
Rusia, es semipresidencialista y pertenece a la familia neorromanista.
En las elecciones presidenciales celebradas el pasado 4 de marzo,
Vladimir Putin reunió el 63,60% de los votos. A pesar del triunfo convincente
del político, su gobierno tendrá que esforzarse mucho para entablar un
productivo diálogo con la sociedad y la oposición.
Vladimir Putin ha anunciado la realización de reformas relevantes
pero no demasiado populares. A juzgar por los pronunciamientos de Putin durante
su campaña, él comprende muy bien que el país necesita reformas serias.
Es más, el nuevo presidente se verá obligado a abordar las
reformas estructurales que requiere Rusia, no sólo en el área política, sino
también económica y social.
En Rusia se espera una revolución administrativa en la sustitución
de altos ejecutivos tanto en la administración central como en las regionales.
El nuevo gobierno tendrá un papel importante en el proceso de reformas
ya que los planes concretos dependen de
las tendencias en la economía mundial, que se encuentra en una situación muy
confusa: no está claro qué pasará en Europa, qué precio tendrá el petróleo y
otras materias primas que determinan en gran parte la economía rusa.
El problema, en cambio, está en que la situación real exige una
política económica bastante liberal y mucha compostura en el escenario
internacional. Como vemos, Putin tendrá que hacer piruetas para reconciliar las
contradicciones de su mandato y los problemas objetivos que enfrenta el país.
En cuanto a las reformas políticas, lo más probable es que Putin
obre con cautela. Por un lado, la oposición exigirá nuevas reformas, por
ejemplo, en el sistema electoral. Por el otro, Putin dará este paso sólo en el
caso de que sienta que no le queda otra opción.
Los expertos comparten la opinión de que el nuevo presidente de
Rusia difícilmente podrá evitar las reformas impopulares. Pero se tomará un
tiempo para demostrar a todas las capas de la población del país la necesidad
de las mismas.
Las relaciones del gobierno con la oposición podrán desarrollarse
según patrones diferentes. Por lo tanto, la oposición está condenada a
colaborar con el Kremlin y participar en la reforma política, o bien, confrontarse
y montar provocaciones para mantener el interés mediático.
Asimismo, el gobierno deberá hacer propuestas a la oposición para
entablar el diálogo. Pero la oposición tendrá que cambiar de actitud: pasar de
la protesta a la acción política concreta, a la creación de los partidos
políticos que defiendan los intereses de los grupos concretos.
De acuerdo a la
Constitución de la Federación Rusa el presidente de Rusia es jefe
del Estado y es garante de la
Constitución.
De acuerdo a la
Constitución y la leyes federales el presidente ruso
determina las directrices de la política interior y exterior del Estado.
Es por ello, que el nuevo presidente de Rusia aplicará la política
del “tira y afloja” pero deberá tener cuidado de no romper la liga y cometer
actos inconstitucionales que pondrían en riesgo el equilibrio con la oposición y
de las posibles reformas prometidas a los ciudadanos durante la campaña.
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