lunes, 21 de mayo de 2012

El expresidente marfileño comparece ante Corte Penal Internacional



BRUSELAS, BÉLGICA (05/DIC/2011).- El expresidente de Costa de Marfil, Laurent Gbagbo, compareció hoy por primera vez ante la Corte Penal Internacional (CPI) para enfrentar las acusaciones de crímenes contra la humanidad cometidos durante la crisis postelectoral de 2010.

Vestido con un elegante traje negro, Gbagbo apareció ante la CPI en la ciudad holandesa de La Haya tranquilo y sereno, atendiendo en todo momento a las indicaciones de la juez argentina Silvia Fernández de Gurmendi, que presidió la audiencia.

'Buenos días, señora presidenta. Le agradezco me dé la oportunidad de hacer uso de la palabra, me llamo Laurent Gbagbo, contestó el exmandatario cuando la juez le pidió que se presentase para confirmar su identidad de manera plena, según un reporte de Radio Nederland.

El exmandatario marfileño, el primer jefe de Estado entregado a la CPI, está acusado de cuatro crímenes contra la humanidad: asesinato, violación, persecución y actos inhumanos cometidos tras las elecciones del 16 de diciembre del año pasado.

La negativa de Gbagbo, de 66 años de edad, a ceder el poder a su rival Alassane Ouattara, llevó al país a un estallido de violencia que causó al menos tres mil muertos entre diciembre de 2010 y abril pasado.

En su primera comparecencia, el exmandatario de Costa de Marfil agradeció al tribunal de las Naciones Unidas la atención médica que le ha sido brindada ante los dolores que sufre en un hombro, pero se quejó de las condiciones en que fue arrestado.

'Me arrestaron el 11 de abril de 2011 bajo las bombas francesas', declaró Gbagbo, tras afirmar que no fue arrestado por las fuerzas de Ouattara, sino por el Ejército francés, en condiciones que 'no fueron tan correctas'.

'Unos cincuenta tanques franceses rodeaban la residencia (presidencial), mientras los helicópteros bombardeaban. vi. a mi ministro del Interior morir delante de mí. Vi mi hijo detenido y golpeado', subrayó el ex mandatario.

Gbagbo también aprovechó su audiencia que se prolongó por unos 25 minutos para denunciar las condiciones de su encarcelamiento, diciendo que él no podía ver el sol desde su celda, aunque insistió en que no pedía piedad a la Corte.

Además, el expresidente marfileño se quejó de que fue engañado la semana pasada, cuando fue trasladado a La Haya. 'Me dijeron que iba para Abiyán (la capital marfileña), y no. No tuvieron el valor para decirme que iría a La Haya', subrayó.

La audiencia se celebró a puerta cerrada, aunque una veintena de marfileños residentes en Holanda, Francia y Bélgica se congregaron fuera de la CPI para expresar su rechazo al juicio contra Gbagbo, que se reanudará el próximo 18 de junio.

Comentarios a la nota:

Evaluando los conceptos de Derecho y de participación ciudadana nos encontramos ante un universo de expectativas para fortalecer las estructuras del Estado democrático y pluralista. Sin embargo, en los gobiernos autoritarios del mundo donde no son capaces de lograr una sinergia con la sociedad, la democracia no puede ser el garante de la libertad.

Costa de Marfil es el típico caso de una democracia disfuncional donde no existen las estructuras que permitan concebir el principio de organización social y de ordenamiento político que permita a su vez a los gobernantes, dotar de legitimidad a sus acciones y lograr una integración eficaz de la acción gubernamental.

En este sentido, Luis Villoro nos plantea la necesidad de reflexionar sobre las sociedades donde aún no se funda sólidamente la democracia, donde reina la desigualdad y la mayoría son expulsados de los beneficios sociales y políticos de la sociedad a la que pertenecen. Aquellas sociedades incapaces de instaurar una justicia social a partir de un interés general, se alejan de aquellas reivindicaciones históricas y de las normas de la conducta ética de parte de la clase gobernante. Esto profundiza la exclusión e impide la universalización racional de una mayor justicia y del derecho de las libertades de los individuos.

Como podemos ver el traspaso del poder es un punto de conflicto en aquellos países donde la democracia no existe, tal es el caso que nos ocupa, de ahí que se de una tensión en la convivencia entre el poder político y la ciudadanía, al tiempo de evitar la cooperación entre el Ejecutivo entrante y el saliente, así como la imposibilidad una conciencia de las injusticias existentes.

En ese sentido, podemos afirmar que cuando las disputas políticas no son capaces de convertirse en reclamos o discusiones de índole jurídica, será imposible evitar los conflictos y las inconformidades de los grupos políticos contendientes, lo que derivará necesariamente, en movimientos desordenados y violentos en la sociedad.

De ahí que la democracia y el derecho se encuentren íntimamente relacionados y no sean excluyentes uno del otro para poder formalizarse y controlar el poder en los órganos del Estado.

Queda claro que el fomentar prácticas democráticas para el aprendizaje de los principios y valores de la participación ciudadana, no pueden circunscribirse únicamente a las elecciones. Jürgen Habernas cuando se refiere al Estado democrático  nos plantea que la representación no basta con cederla por medio de una elección, sino más bien, que el ciudadano se involucre en las deliberaciones de orden público y por tanto políticos y, para ello, es necesario que en la política deliberativa se establezcan los procedimientos que hagan posible la interlocución bajo principios de igualdad y libertad de opinión, solo así se hace posible conseguir la operatividad de la democracia deliberativa.

En este sentido, Luis Vigo nos habla de la importancia de generar soluciones vinculantes entre ciudadanos y los órganos del Estado sobre los diversos temas de gobernabilidad, ya que solo así es posible la democracia de todo Estado, pero sobre todo, la legitimación de cualquier acto que conlleve al bien común, evitando los malos manejos del poder público, al tiempo de discutir con racionalidad los caminos viables y posibles de una sociedad democrática que se fundamente en el  principio de justicia y nos alejen a la noción de represión planteada por Michel Foucault como una noción jurídico disciplinaria.

Ahora será la Corte Penal Internacional como un mecanismo permanente de justicia internacional, la que juzgara a el expresidente de Costa de Marfil, Laurent Gbagbo, como un individuo responsable de haber cometido crímenes graves que preocupan a la comunidad internacional como son: el genocidio, los crímenes de guerra y los crímenes de lesa humanidad.





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