BRUSELAS,
BÉLGICA (05/DIC/2011).- El expresidente de Costa de Marfil, Laurent
Gbagbo, compareció hoy por primera vez ante la Corte Penal
Internacional (CPI) para enfrentar las acusaciones de crímenes contra la
humanidad cometidos durante la crisis postelectoral de 2010.
Vestido con un elegante traje negro, Gbagbo apareció ante
'Buenos días, señora presidenta. Le agradezco me dé la oportunidad de hacer uso de la palabra, me llamo Laurent Gbagbo, contestó el exmandatario cuando la juez le pidió que se presentase para confirmar su identidad de manera plena, según un reporte de Radio Nederland.
El exmandatario marfileño, el primer jefe de Estado entregado a
La negativa de Gbagbo, de 66 años de edad, a ceder el poder a su rival Alassane Ouattara, llevó al país a un estallido de violencia que causó al menos tres mil muertos entre diciembre de 2010 y abril pasado.
En su primera comparecencia, el exmandatario de Costa de Marfil agradeció al tribunal de las Naciones Unidas la atención médica que le ha sido brindada ante los dolores que sufre en un hombro, pero se quejó de las condiciones en que fue arrestado.
'Me arrestaron el 11 de abril de 2011 bajo las bombas francesas', declaró Gbagbo, tras afirmar que no fue arrestado por las fuerzas de Ouattara, sino por el Ejército francés, en condiciones que 'no fueron tan correctas'.
'Unos cincuenta tanques franceses rodeaban la residencia (presidencial), mientras los helicópteros bombardeaban. vi. a mi ministro del Interior morir delante de mí. Vi mi hijo detenido y golpeado', subrayó el ex mandatario.
Gbagbo también aprovechó su audiencia que se prolongó por unos 25 minutos para denunciar las condiciones de su encarcelamiento, diciendo que él no podía ver el sol desde su celda, aunque insistió en que no pedía piedad a
Además, el expresidente marfileño se quejó de que fue engañado la semana pasada, cuando fue trasladado a
La
audiencia se celebró a puerta cerrada, aunque una veintena de marfileños
residentes en Holanda, Francia y Bélgica se congregaron fuera de la CPI para expresar su rechazo
al juicio contra Gbagbo, que se reanudará el próximo 18 de junio.
Comentarios a la nota:
Evaluando
los conceptos de Derecho y de participación ciudadana nos encontramos ante un
universo de expectativas para fortalecer las estructuras del Estado democrático
y pluralista. Sin embargo, en los gobiernos autoritarios del mundo donde no son
capaces de lograr una sinergia con la sociedad, la democracia no puede ser el
garante de la libertad.
Costa
de Marfil es el típico caso de una democracia disfuncional donde no existen las
estructuras que permitan concebir el principio de organización social y de
ordenamiento político que permita a su vez a los gobernantes, dotar de
legitimidad a sus acciones y lograr una integración eficaz de la acción gubernamental.
En
este sentido, Luis Villoro nos plantea la necesidad de reflexionar sobre las
sociedades donde aún no se funda sólidamente la democracia, donde reina la
desigualdad y la mayoría son expulsados de los beneficios sociales y políticos
de la sociedad a la que pertenecen. Aquellas sociedades incapaces de instaurar
una justicia social a partir de un interés general, se alejan de aquellas
reivindicaciones históricas y de las normas de la conducta ética de parte de la
clase gobernante. Esto profundiza la exclusión e impide la universalización
racional de una mayor justicia y del derecho de las libertades de los
individuos.
Como
podemos ver el traspaso del poder es un punto de conflicto en aquellos países
donde la democracia no existe, tal es el caso que nos ocupa, de ahí que se de
una tensión en la convivencia entre el poder político y la ciudadanía, al
tiempo de evitar la cooperación entre el Ejecutivo entrante y el saliente, así
como la imposibilidad una conciencia de las injusticias existentes.
En
ese sentido, podemos afirmar que cuando las disputas políticas no son capaces
de convertirse en reclamos o discusiones de índole jurídica, será imposible evitar
los conflictos y las inconformidades de los grupos políticos contendientes, lo que
derivará necesariamente, en movimientos desordenados y violentos en la
sociedad.
De
ahí que la democracia y el derecho se encuentren íntimamente relacionados y no
sean excluyentes uno del otro para poder formalizarse y controlar el poder en
los órganos del Estado.
Queda
claro que el fomentar prácticas democráticas para el aprendizaje de los
principios y valores de la participación ciudadana, no pueden circunscribirse
únicamente a las elecciones. Jürgen Habernas cuando se refiere al Estado
democrático nos plantea que la
representación no basta con cederla por medio de una elección, sino más bien,
que el ciudadano se involucre en las deliberaciones de orden público y por
tanto políticos y, para ello, es necesario que en la política deliberativa se
establezcan los procedimientos que hagan posible la interlocución bajo
principios de igualdad y libertad de opinión, solo así se hace posible
conseguir la operatividad de la democracia deliberativa.
En
este sentido, Luis Vigo nos habla de la importancia de generar soluciones
vinculantes entre ciudadanos y los órganos del Estado sobre los diversos temas
de gobernabilidad, ya que solo así es posible la democracia de todo Estado,
pero sobre todo, la legitimación de cualquier acto que conlleve al bien común,
evitando los malos manejos del poder público, al tiempo de discutir con
racionalidad los caminos viables y posibles de una sociedad democrática que se
fundamente en el principio de justicia y
nos alejen a la noción de represión planteada por Michel Foucault como una
noción jurídico disciplinaria.
Ahora
será la Corte Penal
Internacional como un mecanismo permanente de justicia internacional, la que juzgara
a el expresidente de Costa de Marfil, Laurent Gbagbo, como un individuo
responsable de haber cometido crímenes graves que preocupan a la comunidad
internacional como son: el genocidio, los crímenes de guerra y los crímenes de
lesa humanidad.